Editorial
Recibí por Internet un documento denominado “Cuando eres Veterinario…”, el cual evidentemente está circulando intensamente entre el gremio.
Para quienes no lo han recibido, puedo referirme a él como una manifestación escrita cuyas principales características son la frustración y el sarcasmo, cuando menos en el momento en que fue creado. Una de las personas que me lo hizo llegar -otro colega-, me invita a presentar una réplica, lo cual me siento en la obligación moral de hacer.
El autor en cuestión empieza su nota afirmando que “La Medicina Veterinaria –o como quieras llamarle- es pobre”. Es difícil aceptar que un compañero de Profesión piense que la Medicina Veterinaria pudiera ser llamada de otra manera. Es Medicina que puede desempeñarse bajo los más avanzados conceptos de Ciencia y Tecnología; especializada en diagnósticos, tratamientos y cirugías Veterinarias. No podría llamarse diferente, ni hace falta… Ser Médico Veterinario es un título del que todos podemos –y debemos- sentirnos orgullosos.
En cuanto a que es una profesión pobre , creo que lo verdaderamente pobre es la actitud que se plasma en la carta y no las limitadas condiciones económicas que maliciosamente se sugieren como el marco común para el desempeño de la Medicina Veterinaria. Está comprobado que la actitud y la preparación correctas son una fuente de motivación y prosperidad para esta carrera, lo mismo que para cualquier otra.
En general, el texto se refiere con displicencia a los malos clientes , que sin duda existen, pero que no son todos, ni la mayoría. Con ironía, se hace una crónica de sus conductas y de algunos hechos anecdóticos. Ciertamente, adoptar la idea de que todos nuestros clientes son así, es algo que le puede hacer mucho daño a la profesión. Por fortuna, todos los que se dedican con seriedad a la práctica clínica saben de muchos casos-cada vez más- de propietarios de mascotas con los cuales se desarrollan excelentes relaciones profesionales; que siguen las indicaciones al pie de la letra (gracias a un excelente trabajo de comunicación) y que pagan gustosos los honorarios apropiados, porque han recibido servicios veterinarios con valor agregado.
También se expresan quejas porque hay que pagar proveedores, trámites e impuestos, lo cual es completamente normal en cualquier empresa, y una clínica veterinaria no es ninguna excepción. La diferencia consiste en que toda empresa formal debe generar ingresos superiores a lo que hay que desembolsar por estos conceptos de gasto cotidiano. Si un negocio no se rige por esta simple fórmula, es natural que los egresos regulares sean un dolor de cabeza y un motivo de queja permanente.
Concediendo sin justificar, es probable que esta carta se haya escrito en condiciones económicas precarias, sobre todo cuando muchos colegas se han quejado de los efectos de la crisis. A este respecto, vale la pena reflexionar en lo que nos explica la Dra. Gloria Bachioqui en el artículo adjunto “ La Crisis como Oportunidad”.
En otra parte de la carta hay una cita que dice: “ la gente espera que el veterinario sepa de todo”. En el artículo anexo “¡Hagamos Equipo con los Especialistas!”, se propone una respuesta puntual a esta idea errónea.
En su párrafo final , la carta convoca (textual) : “Este documento fue descubierto en un consultorio veterinario, a ciencia cierta no se sabe en cuál, seguramente en uno muy parecido al mío. Ha pasado de generación en generación por lo que es nuestra obligación mantenerlo vigente y enviarlo a todos nuestros amigos veterinarios y los que no lo son, para que se enteren de las cosas por las que pasa un pobre ( sic ) veterinario, y que ya no nos hagan preguntas o consultas tan estúpidas ( sic ) y que no nos tachen de lo peor, porque en todos lados hay ratas ( sic ). Así que eres más rata tú, contador, tú, abogado, tú, maestro, tú, ingeniero, tú, arquitecto y el que ustedes quieran, que un ILUSTRE Y NOBLE MEDICO VETERINARIO ZOOTECNISTA”.
No hay espacio para ninguna duda: la difusión de notas como esa no contribuyen para nada a consolidar la dignificación de nuestra honorable y apasionante profesión. La nobleza y el prestigio se ganan con una visión de superación constante y con el trabajo diario, no descalificando a otras profesiones, ni a quienes supuestamente nos difaman.
Finalmente, me permito recordar una sencilla máxima que respondería mejor a un eventual desacuerdo sobre lo aquí plasmado:
“Los triunfadores son parte de la solución: los perdedores son parte del problema”
MVZ Alejandro Grassie Galván
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